lunes, 16 de agosto de 2010

Princesa en tiempos de crisis.

Antes de crear falsas expectativas, he de aclarar que en este cuento el príncipe no se queda con la princesa. Él tuvo que ceder su caballo blanco a una yunta y pese a que tenía toda la disposición de enfrentar dragones de múltiples cabezas, tuvo que guardar su espada sin blandirla.

Sucede que en estos tiempos la princesa no depende de nadie, no hay un ogro que la aprisione, no vive en una mazmorra o en la torre más elevada de un siniestro castillo del cual tenga que escapar. La princesa no se enfrenta a una madrastra maldita que se encela de su belleza. La princesa sólo es presa de su propia libertad.

La princesa no necesita un príncipe, no necesita que alguien demuestre su casta y rompa los hechizos de un sueño perpetuo. De hecho, para ser más justos, he de decir que la princesa tiene jornadas de sueño bastante ordinarias.

Una princesa poco ortodoxa, de particular y envidiable belleza; se dice que amanece cuando ella esboza su primer sonrisa, se afirma que la noche cae con su primer bostezo y se tiene la firme creencia que el arcoiris termina donde ella se encuentre porque la princesa es oro puro.

Para frustración de su estoico caballero, no hay hechizo que romper, no hay barrotes que doblar, tan sólo una barrera invisible, una tan grande como la mente de la princesa pueda concebirla y ni su escudo bañado en sangre de dragón puede derribarla, no se sabe dónde empieza y dónde termina. A la par, el príncipe está amarrado e imposibilitado de partir las cuerdas con su espada labrada por elfos, porque ni siquiera ellos tienen el secreto para deshacer los amarres que se tejen en el alma. El príncipe respira, vive y se cuestiona una y otra vez qué maléfico conjuro pudo alejarlo tanto de ella.

Y no…
no fueron felices para siempre.

domingo, 25 de julio de 2010

Manifiesto del ardido

Por las cosas que me diste a cuenta gotas

Por el amor dosificado

Por curarme para que enfermara

Por las altas cantidades de poca honestidad

Porque te divertiste conmigo usándome de tu juguete

Por usar a tu favor mis sentimientos

Porque al fin agotaste todas nuestras oportunidades

Por todo lo que revolviste y destruiste para volverme a hacer sentir
de ese amor que se convierte en rabia.

Por todo eso y por todo lo que ya no te daré, tan sólo me queda verter
toda mi sinceridad restante en un solo pensamiento:


Te deseo que tengas un franco y muy feliz CHINGA A TU MADRE.

lunes, 7 de junio de 2010

Puro cuento

Érase un reino donde los Reyes sólo existían en los nombres de algunas calles y de algunas delegaciones, no existían caballeros con escudo y armadura; en este reino, ellos cedían su lugar a las mujeres embarazadas o a las personas de la tercera edad, pagaban las cuentas a su damisela y mesuraban su lenguaje en presencia de los niños.

Existían las damas, aunque algunas ostentaban el título sin necesariamente practicarlo.

En este reino, los bufones tenían importantes cargos políticos y los consejeros traían credenciales de Prensa de televisoras y disfrazaban las imprudencias de los bufones desviando la atención del pueblo inventando dragones llamados Chupacabras, influenza, Cabañas o Paulette.

En el fondo, era como todos los reinos, los verdugos eran inclementes, destazaban a las personas difundiendo rumores, algunos de ellos corrían como pólvora e incluso los más sanguinarios, sustituyeron sus hachas y guillotinas por redes sociales.

Es en este entorno en el que se desenvuelve la historia de un niño que se preparaba para ser un príncipe. Él creía firmemente en que el cargo podría ganárselo a pulso; al no pertenecer a una familia aristócrata, el primer eslabón para lograrlo era la dedicación, buenas notas que lo llevaran al desayuno anual con el Bufón mayor y participación en las actividades de lucimiento social, tales como los congresos estudiantiles y declamaciones hacia Benito Juárez en los lunes de homenaje.

El futuro príncipe creció para ceder una y otra vez su trono real ante los príncipes de los feudos vecinos, con menor talento, calificaciones mediocres pero con papás mejor relacionados con los que repartían los tronos.

La imposición si existía, la opinión pública era el cuento más popular para poner a dormir al pueblo, incluso en su mayoría, creían tanto en su poder del pueblo como un niño en Santa Claus.

El príncipe que el mundo esperaba trabajó arduamente aún cuando los villanos secuestraron su escuela, descubrió que todo monarca necesita aliarse a un clan y se unió al “del sol”. Su trono lo aguardaba, sólo tenía que esperar a que el Príncipe Juanito desocupara la silla que sería para la marquesa Carla l y que a la postre le pertenecería a él, en tanto sus grandes convicciones no atentaran contra los principios del clan.

Mientras el heredero del mañana espera, recorre la ciudad en un Tsuru II del año 94 que le renta al propietario de un sitio, se niega a alterar su taxímetro pues su ética es digna de la realeza. El Bufón jefe de gobierno le ha hecho pintar la unidad en repetidas ocasiones olvidándose que nuestro eventual consorte le dio su voto con la esperanza de haber escogido al mejor representante para el pueblo.
Ocasionalmente, tiene que claudicar a sus valores para que los guardias no se lleven su unidad a las mazmorras.

EL príncipe conduce feliz, sabe que no hay mejor forma de entender al pueblo que viniendo del pueblo. Hace campaña personalizada con cada uno de sus pasajeros, quienes no ponen en duda su estirpe real, le agradecen el viaje mientras él se despide diciéndoles:

No lo olvide, en el 2024 su voto contará.

Hugón Castillo,
Re cuentista.

domingo, 21 de marzo de 2010

Things we lost in fire

Perdí mi parte crédula, fui soltándola de a poco. En su lugar, llegó la duda, el escepticismo y la desconfianza.

Perdí el asombro por el periodo previo a un noviazgo, cuando le preguntas a sus amigas lo que ella piensa de ti, esas mariposas en la panza, esos pensamientos idealistas que te surgen justo a punto de dormir. El asombroso y esperado primer beso, el querer conocer a una persona y que te conozca, que te guste lo que hay en ella y que le guste lo que hay en ti.

Perdí el sentido de la responsabilidad compartida, del querer hacer todo en conjunto, hacer equipo, remar en la misma dirección.

Perdí la seguridad de merecer amar a alguien porque cuando he estado enamorado no he hecho lo bastante para perdonar, entender, comprender y dejar de recriminar los errores de la otra persona, esto para perdonarme por mis propias fallas.

Perdí la confianza en mí al grado tal que ahora existen los celos en mi corazón, siempre acompañados por ira y desconfianza.

Mi capacidad de amar no la he perdido, sólo la parte importante de la misma;
mi capacidad de amar en compañía, puedo amar a la distancia, extrañar y añorar a una persona que cuando tenía cerca ya no soportaba.

Pierdes unas cosas y a cambio recibes otras. Particularmente en estos intercambios, salí perdiendo con el canje.

Con tantas cosas perdidas, a ti ya no te recupero.

martes, 28 de abril de 2009

Promesa

Una promesa fue hecha, más que de palabras por un compromiso de vida, como cuando un nuevo ser nace y uno asume su tutela.

Palabras lindas que trascienden a otro plan. La felicidad plena garantizada por la persona ideal. Eso es mucho más que un buen deseo.

No espero ni puedo obligar el cumplimiento de dicho compromiso, el sólo escucharlo de su boca provocó en mí mucho de lo prometido, gran forma de iniciar el juramento.

Gracias por tu consideración, no sé si mi felicidad dependa totalmente de ti pero en caso que así sea sé que al menos tus intenciones sí son buenas.

jueves, 16 de abril de 2009

Little by little

Hay una gran frase que marca al minimalismo: ”Less it´s more”

Será que nunca he podido familiarizar mucho con ese estilo de vida o que quiero que todo sea tan ostentoso y escandaloso como mi persona. Puedo apreciar la belleza en dicho movimiento pero difícilmente podré apegarme a ese estilo de vida.

Duermo entre cajas de películas, de juguetes, video juegos y libros. Las chamarras aterrizan en donde me agarró el calor y en resumidas cuentas me cuesta trabajo mantener la perfección en lo más mínimo.

Hay una vertiente en la que no creo que la frase citada arriba aplique ni tantito, esa es la que describe a las personas.

Hay quienes están tan minimizados en espíritu, autoestima y seguridad que necesitan gente aún más pequeña para poder ser felices. Nunca comulgaré con esta idea, de hecho he llegado a la vida de personas que han hecho lo imposible por minimizarme, cosa que no estaré dispuesto a permitir. Gente peleada quizás con la vida misma y que al final de cuentas procuran rodearse de quien no pueda opacarles. Es una lástima, considero que cada persona debe valorarse, que cada quien tiene virtudes únicas y que ser pequeño sólo acarrea frustración. Al notar que uno no puede hacerse pequeño, la huida se hace inminente.

Yo procuro juntarme con aquellos que me puedan engrandecer pero no por ser pequeños, más bien porque son muy grandes y me pueden cargar hasta que yo mismo alcanzo su altura. A veces también he procurado ayudar a los pequeños a crecer pero ya entendí que esa labor le corresponde al individuo y además me acaba causando dolores en la espalda.

En fin, cada cabeza es un mundo y siempre habrá un roto para un descocido. Lo importante es que cada quien encuentre la felicidad sea cual sea el nivel de ella al que se aspire.

Y hoy resulta, que no soy de la estatura de tu vida…


monster.unleashed@hotmail.com

lunes, 6 de abril de 2009

Todo lo que sé de las mujeres.

Sin ningún temor a ser petulante les escribo todo lo que sé de las mujeres.

Espero que lo disfruten.



















































































Hugo Castillo,
ignorante de ocasión.